Ilustración de una periodista arrojando luz sobre gente común, apartando el ruido mediático

Ilustración: Rut Pedreño

Malos tiempos para el periodismo a fondo

En medio de un ruido mediático y político agresivo y muchas veces superficial, los lectores cada vez confían menos en los medios. ¿Qué podemos hacer para que se lea, y se apoye, la información independiente y rigurosa sobre los temas que de verdad nos afectan?

Nos preocupa la situación del periodismo y el contexto político, donde importa más el relato que los hechos. Nos preocupa mucho. Y la (des)confianza en los medios. Y, sobre todo, cómo encontrar un hueco entre declaraciones burdas para el telediario, clickbait y noticias al vuelo para informar a fondo y sin aspavientos de los grandes temas. Y que se nos escuche. Seguro que a ti también te preocupa, o directamente te enfada, todo esto. Y no te falta razón.

España es uno de los países donde más ha caído el interés informativo entre 2015 y 2022, según el Reuters Institute. Y no es de extrañar; hace nada, las empresas de medios competían, fuera de los focos, por llevarse el gran trofeo publicitario y de clicks del Mundial de Qatar, o por las migas del Black Friday y del sorteo de Navidad. Todo ello en medio de una -otra- crisis económica y a las puertas de un año electoral.

Las elecciones generales en diciembre de 2023 (si el gobierno agota legislatura), junto con las autonómicas y municipales de mayo, son abono de primera calidad para una mayor polarización y un periodismo, en ocasiones, más basado en la militancia, las especulaciones y las declaraciones -o directamente ataques televisados- de “Zutano vs. Mengano” que en la publicación de información útil, a fondo y de servicio público.

Aquí no acaban las malas noticias: si Google, Facebook o Twitter no quieren, tú no vas a poder leer esta reflexión. Y, junto a ella, información relevante para conocer la realidad y exigir transparencia y rendición de cuentas a quienes gobiernan. Los medios de comunicación nos encontramos en una tesitura donde la única regla es generar interacción con la audiencia, sea al precio que sea. Es decir, competimos para atraer la atención de nuestros potenciales lectores. Y eso se traduce en titulares clickbait y en informaciones que, a menudo, no son más que repeticiones, sin filtro, de los insultos o ataques del día. En esta competición, quien sale perdiendo es la ciudadanía: nos rodean noticias que reflejan nuestra visión del mundo, que nos reconfortan o nos enfadan, pero, normalmente, la realidad es más compleja de lo que pensamos.

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Vamos a ser sinceros. Debido a esta guerra desigual por la atención, llegar a ti con nuestras investigaciones y artículos cada vez nos resulta más difícil. Y ya no te imaginas si lo que necesitamos es que colabores con nosotros. El Instituto Reuters también apuntaba en esta dirección: “En contextos donde la desconfianza es profunda, no está claro que el periodismo que requiere una gran inversión o aquel orientado a un propósito cívico se vea recompensado”. Cada vez es más difícil navegar contra las tendencias de la industria y, en este contexto, nadie garantiza la supervivencia del tipo de periodismo profundo, preciso e independiente que vamos a necesitar desesperadamente en los próximos meses. El que más peligro corre y el que necesita hoy más tu apoyo para seguir existiendo.

Debido a esta guerra desigual por la atención, llegar a ti con nuestras investigaciones y artículos cada vez nos resulta más difícil. Y ya no te imaginas si lo que necesitamos es que colabores con nosotros.

Pero somos un poco cabezotas. Ya llevamos diez años siendo una redacción sin ánimo de lucro -¿qué ser mitológico es ese?-, prescindiendo de publicidad y contenido cerrado al lector. Un periodismo que nunca, nunca, se basa en declaraciones. Sino en hechos. Que no repite las frases preparadas por el asesor de comunicación de turno y que no trata la política como un programa del corazón, sino que se centra en qué pasa con las políticas, con lo que nos afecta de verdad.

A todo esto le sumamos que no publicamos a diario ni cubrimos la actualidad, salvo lo que publicamos en El BOE nuestro de cada día. Vamos, que nos ponemos las cosas difíciles. La cuestión es que creemos en otra forma de hacer las cosas: sin ruido, sin prisas, sin sensacionalismo, sin superficialidad , con datos abiertos y con metodología de trabajo transparente. Y siendo honestos si nos equivocamos. El interés general es más importante que cualquier lógica de mercado.

Frente a lo rentable, lo necesario

Porque, si nos atenemos a una lógica puramente empresarial, no hubiéramos analizado durante cinco meses más de 25.000 adjudicaciones hasta saber quienes se llevaron los contratos de emergencia durante la pandemia, destapar cómo algunos se aprovecharon de la situación para inflar precios en medio del caos y encontrar irregularidades como la adquisición de piscinas, pistolas táser y hasta camellos usando esa vía rápida. Seamos francos, una investigación como esta, publicada también en El País y con una gran repercusión, solo genera entre 15 y 20 nuevos socios y socias el día que sale. Sí, recibe premios importantísimos dentro y fuera de España y sirve para compartir podio, una vez más, con The New York Times, ProPublica o La Nación, a quienes admiramos muchísimo. Eso, para un equipo pequeño, fuera de los grandes medios, es importantísimo, pero no paga gastos ni sueldos. Si primásemos la rentabilidad, esta historia se quedaría sin contar la próxima vez.

Siguiendo una lógica de mercado, cinco años de investigación y tres juicios contra el Ministerio de Defensa para poder saber quién va en vuelos oficiales, y qué empresarios y familiares se llevan las autoridades, no es una buena idea. No nos hubiéramos dejado las pestañas investigando miles de troceos ilegales de contratos menores durante meses, o los miles de pagos directos e indirectos de las farmacéuticas a médicos, hospitales y asociaciones de pacientes, laboratorio por laboratorio. A menudo, este trabajo nos lleva semanas por cuestiones invisibles para nuestra audiencia. Al verificar miles de filas de contratos públicos, por ejemplo, nos dimos cuenta de los numerosos errores que contienen, lo que nos obliga a una limpieza exhaustiva de un Excel casi infinito. O al intentar sacar conclusiones sobre las transferencias de las farmacéuticas, nos topamos con un muro absurdo: suelen escanear los datos, publicándolos en formato .jpg, para poner trabas a la transparencia. Y así, algo que podría llevarnos unos días se convierte en un titánico esfuerzo de meses e incluso años. Repetir la declaración política más loca o agresiva del día solo lleva un par de horas.

Si nos hubiéramos guiado por lo que da visitas y dinero, tampoco hubiéramos buscado en Europa país por país (ni, en España, región por región) las barreras que ponen para someterse a tratamientos de reproducción asistida en la sanidad pública. Meses contrastando datos y revisando la legislación de 43 países europeos, a menudo en idiomas que no conocemos. Por la misma razón, tampoco nos hubiéramos detenido para informar sobre los problemas para acceder a la atención en salud mental en toda Europa. Y es que estuvimos año y medio creando una base de datos, partiendo de cero, sobre la disponibilidad de psiquiatras y psicólogos en los sistemas sanitarios públicos que también incluía información exclusiva acerca de las listas de espera o los copagos. Datos que tuvimos que obtener y contrastar con diversas fuentes, país por país, para confirmar que lo que decíamos era veraz y cierto. Si no estamos seguros, no se publica.

Y así, algo que podría llevarnos unos días se convierte en un titánico esfuerzo de meses e incluso años. Repetir la declaración política más loca o agresiva del día solo lleva un par de horas.

Como te podrás imaginar, si tratásemos de entrar en esta suerte de competición mediática o fuéramos a lo fácil y superficial, tampoco hubiésemos radiografiado con datos inéditos el abuso de la prisión provisional o el colapso de los sistemas de acogida, que ya estaban al límite mucho antes de la invasión rusa de Ucrania. Pero, ante un contexto que prima el click y la inmediatez, en Civio consideramos imprescindible informar sobre temas que importan, que afectan de verdad, sobre todo a las personas más vulnerables.

Si buscáramos padrinos o agradar a los de arriba, tampoco trataríamos temas de esos que duelen a quienes tienen el poder, ya sean empresas o gobiernos, de forma -de verdad- independiente, sin miedo a nada ni a nadie, ni a decir lo que pensamos ante quien sea. Lo que hace que podamos seguir persiguiendo investigaciones largas, costosas y difíciles son las personas que nos leen y nos ayudan con sus aportaciones.

Entonces, ¿de dónde sacamos los recursos para llevar diez años con esto? En 2022, un poco menos de la mitad (el 45%) de nuestros ingresos viene de becas y apoyos institucionales, que detallamos aquí. Por ejemplo, del primer fondo europeo dedicado específicamente a apoyar el periodismo independiente de interés público. Un 20%, de prestar servicio técnico a entidades públicas que quieren publicar de forma visual e interactiva sus datos presupuestarios, o por formación. Y el 35% restante, con suerte, de personas comprometidas y decididas a que este tipo de periodismo no muera: los más de 1.400 socios y socias de Civio, y quienes realizan alguna contribución puntual en la medida de sus posibilidades (todo granito cuenta). Nosotros lo tenemos muy claro: las becas se terminan y atascan, los servicios se interrumpen o distraen. Nuestro futuro le pertenece a personas como tú.

Lo que hace que podamos seguir persiguiendo investigaciones largas, costosas y difíciles son las personas que nos leen y nos ayudan con sus aportaciones.

Ojalá podamos seguir demostrándote el periodismo en el que creemos con investigaciones como esta, sobre cómo la excesiva carga de trabajo de los profesionales sanitarios está ahogando a la atención primaria: con los datos sobre la mesa, explicando una realidad compleja y siendo honestos. Respetando a quien los lee. Nos gustaría publicar más, poner más manos sobre los cientos de temas que tenemos pendientes. Nos encantaría poder dar forma a todas las ideas de nuestros socios y socias. Nos gustaría que lo que hacemos llegue a todo el mundo y tenga impacto, que sea útil. Demostrar que sí, que es posible hacer las cosas de otra forma. Y para eso, ahora más que nunca, necesitamos tu ayuda.

Sin tu compromiso, este periodismo no es posible

Ya sabes lo que se viene encima en 2023. Somos conscientes de que los bolsillos y las cuentas van a estar más fundidas que nunca, con la cesta de la compra disparada y los gastos navideños, porque las nuestras también lo están.

Así que ten presente que apoyar proyectos de interés público compensa y tiene ventajas. La deducción -hasta de un 80% de tu cuota o donación, según donde tributes- en tu declaración de la renta es un alivio importante a la hora de empujar un proyecto sin ánimo de lucro. Una cuota de 70 euros al año, la favorita de nuestros donantes, puede quedarse en 14 euros. Una mensual de 6 euros, en tan solo 1,2 euros al mes. Para Civio esa pequeña aportación marca la diferencia. Únete hoy y déjanos convencerte de que merece la pena ser parte de esto.

Hazte socio, hazte socia

De una forma u otra, lo más importante es que encuentres tus propias razones para ser parte de Civio, para proteger este periodismo de la tormenta que arrecia. Cada socio o socia tiene las suyas, y esperamos que ayuden a convencerte:

No compartía hacia dónde va el periodismo, pero me demostrasteis que hay esperanza.

La existencia de un proyecto periodístico así en un país como España con todas las dificultades que eso conlleva merece todo el apoyo que pueda conseguir.

No tener publicidad, y no cobrar por el (maravilloso) trabajo que hacéis a los lectores con algo tipo paywall, es algo digno de admiración. Sobre todo en un mundo en el que las redacciones se llenan de plasmas con el Analytics puesto 24/7.

Hacéis una información que no existe en otro medio. Las innovaciones son importantes para avanzar.

Siempre os he percibido como un proyecto periodístico honesto y riguroso, con una tremenda utilidad para generar contexto e información de calidad. Por eso he decidido apoyaros.

Como periodista que está comenzando siempre me ha parecido un tipo de periodismo que es el que me gustaría hacer o al menos el que me gustaría que se hiciera en mi país.

Dispongo de un presupuesto para emplear en información. Me genera frustración la cantidad de tiempo que cuesta informarse de forma que me sienta seguro de la buena fe del contenido que leo. Tomé la decisión el día que el gobierno compró las primeras de todos los periódicos de prensa escrita. Decidí que vuestra labor merece la pena y me genera confianza, y que con mi pequeña contribución aportaba un granito de arena para que siga siendo así!.

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